Desde que eres pequeño creces viendo a tu abuela que te ve como si fueras “El Elegido” cuando le instalas una aplicación de recetas en su nuevo móvil smartphone que le ha comprado tu tío por menos de 80 euros y cuya marca desconoces por completo. Incluso dudas de su veracidad. Todo, para que se desapegue de una vez de su preciado teléfono fijo.
Es tu abuela, que tarda cinco minutos de reloj en escribirte “¿qué tal estás, nieto?” y hay más faltas de ortografía que letras y caracteres que ni siquiera sabías de su existencia.
Es tu misma abuela que se equivoca al recibir una llamada y después de colgarla, se echa el móvil a la oreja y tras 20 segundos preguntando “¿quién es?” se da cuenta de que algo no va bien y te pregunta “¿qué ha pasado?”. Abuela, en un impulso de riesgo y atrevimiento, donde las posibilidades eran de 50-50%, has pulsado un botón bien grande en ROJO que pone “rechazar” frente al intuitivo botón verde de “aceptar”.
Es tu abuela que ve las típicas noticias con titulares llamativos como: “Científicos prevén que el océano de La Tierra se secará para antes del 2030” y durante una comida familiar te lo comenta en un acto de mostrar su lado más puesto en la actualidad con la ya icónica frase “el móvil me ha dicho que...”
Por último, es tu abuela, a la que le llega un SMS de su nieto y piensa que le están estafando, por lo que decide apagar el móvil y así evitar que cualquier mal corrompa su dispositivo.
Así son todas las personas de unos 70 años para arriba. No se adaptan a las nuevas tecnologías -por supuesto que habrán excepciones y a esas abuelas y abuelos se les debe considerar únicos en su especie- y ante su inaptitud para entender las cosas de la modernidad, se apegan a su deseo nostálgico de que vuelva lo antiguo, “lo de antes” y te lo dicen con completa certeza. “Hijo, no te preocupes que todo en esta vida es cíclico, y ahora están estas modernidades, pero lo de antes volverá, en algún momento, pero volverá. De eso no tengas dudas”.
¿Cómo puedes creer que tu abuela que no sabe ni coger una llamada prevea el futuro? A priori no hay argumentos racionales para creerla. Ni si quiera para darle ningún peso en valor a esas arriesgadas declaraciones. Sin embargo, tu abuela, tiene razón.
Quizá no en que en unos años cambiaremos los coches para que vuelvan las carrozas ni los trasatlánticos por canoas o las armas por lanzas. Tampoco dejarán de existir los smartphones y la tecnología continuará evolucionando a pasos agigantados. Esto es lógico, pero tu abuela no se refiere a eso.
La historia, vista en perspectiva, parece corta. El imperio español se sostuvo durante 406 años. Leído en un libro parece un abrir y cerrar de ojos, pero si te analizas todo lo que ha pasado en tu vida, todos los cambios que ha habido, el desarrollo... Parece que el mundo cuando naciste es muy diferente a como lo ves hoy, ¿no? Pues imagínate lo distintas que serían las vidas de un español peninsular sobre el 1512 y un español mestizo del Virreinato del Perú en 1821. Para que lo entiendas mejor, hoy Portugal es una nación soberana. Sin embargo, en su día hubo portugueses nacidos en la década del 1580 que nunca llegaron a conocer a Portugal como país soberano, sino como parte de la Corona de España, durante la Unión Ibérica que perduró 60 años hasta que se disolvió en el 1640 (la esperanza de vida era de 50 años en aquel entonces).
Con todo esto puedes entender que el cambio de “color” que ha dado tu vida desde que eras pequeño hasta el momento en el que lees esto, visto en perspectiva, no es más que pequeños detalles, que no marcan ningún punto de partida hacia el futuro y de no retorno. Portugal volvió a ser país soberano tras 60 años. España, tras unas 16 generaciones y una soberanía sobre cerca de 40 millones de km², volvió a ser una nación únicamente peninsular de 506.000 km².
Y como todo es cíclico, lo más probable es que en el futuro, esa herencia española por toda Hispanoamérica vuelva a unirse y fragmentarse bajo el mismo nombre y objetivos comunes.
En el siglo pasado, y prácticamente desde los orígenes de la humanidad con la constante búsqueda de la belleza, el ser humano siempre ha tratado con mucho mimo y cuidado la vestimenta, siendo pieza clave en lo que representaba cada persona. Poder, educación, respeto, confianza... son solo algunos de los valores históricos de la ropa que han perdurado durante milenios. Si nos vamos después de la II Guerra Mundial, a partir de mediados del siglo pasado, prácticamente todas las calles de cualquier ciudad del mundo occidental se veían con estos valores que acabo de mencionar. Hombres y mujeres con vestimentas bien cuidadas, elegantes y formales. Cerca de 70 años después, las calles están manchadas con pantalones rotos, sudaderas con dibujitos, zapatillas con fluorescentes y ese tipo de cosas.
En 70 años hemos perdido todo el progreso y sentido que el ser humano ha ido construyendo y dando a la ropa, para considerar “estilazo” a alguien que viste drip o streetwear. Miles de años de búsqueda de belleza para nada. Error.
Recuerda las palabras de tu abuela. El mundo es cíclico. Todo vuelve. Y esto es un pequeño desvío que visto ahora parece un cambio monumental, pero que analizado en perspectiva, cogiendo toda la historia, este “cambio” es una curvita apenas notoria a simple vista. Aquí tienes dos fotos para que lo compruebes con tus propios ojos.
Lo mejor en este caso es que no hay que hacer tanto caso a esto que digo sobre el análisis en perspectiva y demás, ya que nosotros vamos a ver el retorno hacia la elegancia con nuestros propios ojos. Es más, ya lo estamos viendo.
Como todo en la vida, nada dura para siempre, lo que está bien hecho, suele aguantar mucho más, siglos o milenios incluso, pero lo que no tiene ni pies ni cabeza, no se sostiene por ningún lado. Esto le pasa al sector de la ropa. Las modas modernas no son más que eso, modas. Cambian constantemente, unas mueren, otras nacen y pronto volverán a morir ante la llegada de otras continúan naciendo, pero eso no perdurará.
La línea larga y sólida que ves en la segunda foto se encarga de recordárnoslo. Es demasiado tiempo, demasiados ladrillos puestos uno sobre otro con semejante perfección como para que ahora lleguen estas tendencias vulgares y destrocen esa línea. El drip no aguantará mucho tiempo, al igual que no aguantó el estilo punk o el heavy metal. Pero con una diferencia; la verdadera clase, la elegancia, el respeto, la educación, la formalidad y todos los demás valores que constituyen la línea temporal de la segunda foto, volverán a adentrarse y acomodarse en nuestra sociedad igual que lo han hecho durante toda la historia. Y ese retorno ya ha empezado.
Porque como decía tu abuela: “Hijo, no te preocupes que todo en esta vida es cíclico, y ahora están estas modernidades, pero lo de antes volverá, en algún momento, pero volverá. De eso no tengas dudas”.