Hombres altos, fuertes, atractivos, con prendas elegantes ajustadas, bien peinados y muy masculinos.
Mujeres delgadas, con buen tipo, tacones altos, vestidos preciosos, maquilladas al detalle, y muy femeninas.
Hasta hace nada, este era el estereotipo de modelo en cualquiera de las grandes noches de desfile en cualquier parte del mundo. Incluso las pequeñas empresas seguían estos estándares al pie de la letra.
Era como una regla de tres muy básica: belleza más elegancia es igual a un buen desfile.
Bien, pues apenas unos años después de esta regla de tres ha nacido una versión muy diferente. Parece que hemos dejado de entender esta simple ecuación tan sencilla que hasta un crío de apenas tres años podría entender y memorizar a la perfección. Sin embargo, los nuevos dirigentes de la moda justo creen y promueven lo contrario: antiestética más vulgaridad es igual a un buen desfile. Y lo peor es que el público compra esta nueva y ordinaria versión.
Parece cómico, ¿verdad? Es como si cambiásemos el fútbol, pusiéramos un balón cuadrado y no se permitiese meter gol en la portería. O si creásemos una nueva Fórmula 1 donde la velocidad máxima del monoplaza fuese de 30 kilómetros por hora y no se permitiese adelantar en toda la carrera.
Ahora dime, ¿qué idiota disfrutaría viendo alguno de estos deportes? Ahórrate pensar en ese amigo que quizás sí le podría interesar. No. Nadie en su sano juicio se atrevería siquiera a ver más de un minuto algo que no tiene ni pies ni cabeza. Sin un balón redondo no se podría jugar a un deporte donde lo más importante es meter goles en una portería. A su vez, la esencia de la Fórmula 1 son coches exageradamente rápidos y complicados de domar que se adelantan constantemente y cuya peligrosidad es tal que incluso ha dejado decenas de fallecidos a lo largo de su historia.
De la misma manera, la identidad de los desfiles y de la moda es recrear la mayor expresión de masculinidad y feminidad, combinada con la elegancia, y a través de perfiles que cumplan requisitos muy específicos de belleza. Sí, hay que ser guapo y tener un tipazo para ser modelo. Igual que hay que tener un talento sobrenatural y unos huevos como catedrales para subirse a un coche donde antes había un 20% de riesgo de muerte.
En la vida hay millones de opciones, y cada una de ellas requiere perfiles muy específicos capaces de cumplir los requisitos que maximicen el potencial de “esa opción”. ¿Es injusto que alguien, cuyos estándares de belleza no son los más apropiados, no pueda participar en un desfile de moda? Sí... o no... no lo sé. Pero entonces también es injusto que alguien que no sepa conducir no pueda participar en la Fórmula 1 o que una persona muy bajita no pueda ser jugador de baloncesto en la NBA.
La única realidad aquí es que la mayor injusticia que se puede cometer es dejar fuera al que más cualificado está para meter en su lugar a una persona infinitamente menos cualificada pero a la que se le premia justo por eso: por no tener las condiciones de los mejores. Esto no solo es una injusticia, sino una vergüenza y que, en este caso, atenta directamente contra la simplísima (y tan efectiva) regla de tres de: belleza más elegancia es igual a un buen desfile.
Amigos, esto se llama sentido común.
Pero bueno, vamos a decir que la belleza es la parte que no depende de uno, ya que nadie puede elegir cómo nacer, si guapo o feo. Sin embargo, lo que uno sí puede elegir es cómo vestirse. Aquí entra la segunda parte de la ecuación: la elegancia. Todos y cada uno de nosotros podemos utilizarla y disfrutarla por igual.
Puede que no seas el más guapo, pero cuidar tu imagen y vestir bien, vestir elegante, te puede posicionar muy por encima de tus posibilidades. Te potencia. Pues bueno, esta parte de la regla de tres también ha sido destruida. Mira cualquier desfile importante de los últimos años y fliparás con los “trapos” que se ponen los modelos.
Nos pueden hablar de arte, de una nueva realidad, de mensajes y símbolos ocultos tras la ropa y de todo lo que tú quieras. Chorradas. Han sustituido la elegancia por la vulgaridad. No creo que haya que ser un genio en matemáticas para entender que si la regla de tres para un buen desfile se componía de belleza y elegancia, y ahora esa misma regla es justo al revés, antiestética y vulgaridad, el resultado no va a ser el mismo. Es más, tampoco hay que ser un genio para llegar a la conclusión de que no puede salir nada bueno de ahí. Pero bueno, vivimos en una época ciertamente complicada para quien sí ha desarrollado el pensamiento crítico.
Si tú eres alguien que no es modelo profesional (ni intenta serlo), no asiste a desfiles y no está al corriente de lo que sucede con la moda, puede que parezca que no te incumbe lo más mínimo todo este cambio. No obstante, sí, te incumbe y mucho. Que el mundo desarrolle una filosofía que atente directamente contra la belleza y la elegancia es muy peligroso. Nacerán nuevas marcas de ropa vulgares, se premiará al que peor viste, se juzgará a quien conserva una buena imagen, etc. Espera... esto es literalmente lo que ya está pasando en todo el mundo. De hecho, sal a la calle y date un paseo de 20 minutos. Te darás cuenta.
Si la Fórmula 1 se convirtiese en ese horror que he comentado al principio, todos suplicaríamos para que personas fuertes, con ideas claras, sentido común, talento y dos buenos huevos luchasen para recuperar el deporte que tanta gente ama en el mundo. Pasa exactamente lo mismo con la moda, que encima lo que está pasando hoy en día nos afecta negativamente a todos y cada uno de nosotros. Necesitamos gente con unos valores claros, una filosofía de vida sólida, coherente, que piense por sí misma y tenga, sobre todo, sentido común. Entonces recuperaríamos lo que nos pertenece.
Recuperaríamos el arte del vestir bien.
Ahora es tu momento.
¿Estás dispuesto a formar parte del cambio?