New Money

Nos remontamos al Viejo Continente durante los siglos XVIII y XIX. La aristocracia de países como Francia, España, Inglaterra, Austria o Italia gozaba de una riqueza íntimamente ligada a la tierra, títulos, matrimonios estratégicos, propiedades familiares, clubes, educación privada y vida social cerrada.

De la suma de estos privilegios comienza a nacer lo que en un futuro se denominaría “Old Money” (en español literal: “dinero viejo”). En un primer lugar no se refería a un estilo, sino al estatus que representaba una clase social. En este caso, familias cuyo poder no viene de hacerse ricas en unos años, sino de herencia, linaje, apellido y continuidad generacional.

Además de la aristocracia, pilar central del sistema; la nobleza, los terratenientes y las élites tradicionales también reunían las cualidades que les permitían pertenecer a este selecto grupo de privilegiados.

Sin embargo, por muy contradictorio que parezca, la idea central de esta visión no era parecer rico ni aparentarlo, más bien lo contrario. Es decir, no necesitar demostrar que lo eran. El Old Money no era una moda. Era un código de pertenencia.

Tras las primeras décadas, donde el Old Money no era más que una insignia intangible de exclusividad, se le comenzó a dar una forma. Se creó un estilo de vida buscando explotar los privilegios de estas familias y el mayor cambio nació en Inglaterra. A menudo las casas de campo, la caza, la equitación, los colegios privados y el criquet, mantienen un aura de la esencia que construyeron en aquella época. Simplemente hay que ver un partido de Wimbledon en la Central Court para sentir esa sensación. Dos jugadores vestidos completamente de blanco compitiendo sobre un césped verde cortado al milímetro con personas de traje observando fijamente desde unas gradas casi inaccesibles para cualquier persona corriente.

Por otro lado, si nos vamos a la zona occidental del hemisferio septentrional. Es decir, Estados Unidos. Como siempre, también se trató de crear una identidad propia del estilo “Old Money”, aunque sin mucho éxito. Utilizaron sus universidades, llenas de experiencias únicas, y el famoso sueño americano para mostrar el privilegio, exclusividad y discreción características de esta forma de vida. Pero como bien sabemos, Estados Unidos y la palabra discreción no son del todo amigos, por lo que la nación norteamericana perdió el rumbo y acabó rizando el rizo, dando a luz estilos que mutaron por un mal enfoque y práctica del Old Money. El ejemplo más cercano es el preppy, que poco o nada tiene que ver con la filosofía nacida en Europa.

Hablando de filosofías, hay unas características no negociables que constituyen y dan sentido a este estilo. El primero y más importante es la discreción, que ya hemos mencionado. Prácticamente en el mismo escalón está la atemporalidad, es decir, prendas que funcionaban hace 50 años y lo seguirán haciendo dentro de otros 50. Sin fecha de caducidad podríamos decir.

Entrando en la parte de valores, lo más importante es la corrección social. No se trata de vestir bien, sino de saber comportarse (algo que, por cierto, no solo se ha perdido en la mayoría de la juventud de hoy en día, sino también en las empresas y nuevas marcas de ropa). Ligado a este punto nos encontramos con otro de los valores clave: la naturalidad. Se trata de no parecer disfrazado. Que no parezca que uno se ha esforzado demasiado por vestir así. Esto se puede entender perfectamente con un paseo corto (dos manzanas como mucho) sobre cualquier calle céntrica de una ciudad, donde ves a personas que parecen competir por quién viste de forma más llamativa.

Por último, y no menos importante, entramos en el bloque característico de la herencia, que también hemos mencionado antes, pero como valor fundamental, no como práctica. Con esto me refiero a que las prendas pueden estar usadas y heredadas por una o más generaciones. Algo muy habitual en estas familias.
Pero, ¿cómo son estas prendas? No hay una forma exacta para describirlas más allá que aquellas que sean atemporales. Un simple polo, bien conjuntado claro, puede ser “Old Money”. Sin embargo, las prendas más típicas son los jerséis de punto, de cricket, cardiganes, blazers, pantalones chinos, pinzados o wide leg, mocasines, náuticos... Y... ¿los colores? Pues el Old Money normalmente evita colores chillones, neones o combinaciones agresivas. Los más comunes de ver son el azul marino, el beige, blanco, crema, camel, gris, verde botella, burdeos, rojo vino y el negro.
Ahora vamos a lo importante. ¿Se pueden comprar prendas de estilo Old Money?
Por supuesto que se puede, hay varias y muy famosas marcas como Ralph Lauren, nacida hace casi un siglo, cuya estética, pese a haberse distanciado un poco en los últimos años, sigue conservando la esencia Old Money. En el caso de esta marca, que probablemente sea la más conocida de este nicho, los precios sin embargo no son para todos, pero tampoco descabellados. En Ralph Lauren muy probablemente no encontrarás prendas que bajen de los 100 euros y el rango habitual oscila entre los 130-250 euros.

También existen otras muchas marcas más, menos conocidas que Ralph Lauren, pero que mantienen una esencia más real del mundo Old Money. Como ya he comentado, la exclusividad es uno de los pilares fundamentales, y el precio es la mejor forma de segmento. Marcas como Loro Piana pueden llegar a tener prendas que superen los 3.000 euros. Claro, entendiendo que personas como el 35º presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, o el propio Brad Pitt son los puros ejemplos de quienes han vestido y visten Old Money, esos desorbitantes precios empiezan a tener más sentido.
El estilo Old Money tuvo un auge popular en los años 50 pero que tras la aparición de la contracultura, el rock o los hippies, quedó relegado hasta que en los 80 volvió a coger fuerza. Sin embargo, los últimos años parecían el final definitivo de este estilo. Miles de personas lo catalogaban como “cementerio” y trataban de cavar (de forma prematura) su tumba.

El fenómeno de las redes sociales, principalmente de TikTok o Instagram, y la aparición de nuevas generaciones sin personalidad, que copian las modas y tendencias de turno que lleva su influencer favorito, no creaba un escenario esperanzador para quienes seguían confiando en otro boom del estilo Old Money. Es más, el drip o el streetwear, incluso formas de vestir que no se pueden ni considerar estilos por lo vulgares que son, han dominado el mundo durante la última década, y lo han hecho con una superioridad aplastante.
La estacada final pareció llegar con el nacimiento de la cultura woke, inmensamente crítica con los valores de la forma de vida nacida en Europa. Podríamos decir que el wokismo se sitúa en las antípodas al Old Money. Teniendo en cuenta el totalitarismo de esta ideología y su cultura de la cancelación, era muy complicado pensar que el Old Money saldría de esta.

Y no. No lo hizo.

El Old Money, tal y como lo hemos conocido, continúa ahí, siendo cuestionado por la moralidad del victimismo y aguantando los ataques y burlas de la vulgaridad. Sin embargo, frente a una situación radical, ha nacido una medida de igual tamaño o mayor, pero completamente opuesta. El Old Money, por público, no tiene la capacidad de poder defenderse de una masa de personas enorme a nivel mundial, pero el “New Money” sí.

Una enorme masa de jóvenes descontentos con la situación actual del mundo, que ven como sus calles están manchadas por personas que compiten por vestir peor cada día. Que ven como en las redes sociales se denominan “estilos” a trapos sin sentido. Que ven como cada vez hay menos marcas atemporales, mientras que las chabacanas se propagan a diario. Y, la gota que colmó el vaso, que se les señale por pensar diferente, por defender unos valores, la formalidad, el respeto, la educación. Por querer cuidar su imagen y por tener objetivos ambiciosos en la vida.

La envidia y el victimismo no son capaces de entender a estas personas y mucho menos de aceptarlas. Por eso, tras años de represión, este público se ha cansado de ser menospreciado, mal visto y deshumanizado, y ahora tienen un objetivo: recuperar al arte del vestir bien y devolver el sentido común, no solo a las calles, sino a las mentes de cada persona.

El Old Money fue el estilo de quienes heredaban el mundo.
El New Money es el estilo de quienes quieren conquistarlo.