Semana "Santa"

Todos tenemos, cada cierto tiempo, una semana muy importante por delante que, en función de cómo la afrontemos, puede hacer que nuestros próximos meses se vean muy diferentes. Incluso existen esas semanas que te pueden cambiar la vida.

Esto le pasó a uno de mis mejores amigos, Dani, durante la última semana de mayo del año pasado. Con 21 años, tuvo que afrontar unos días de lo más intensos y cruciales para el devenir de su futuro. Tenía nada más y nada menos que una entrevista de trabajo y una primera cita con una chica que aún no conocía en persona.

Sobre el calendario era:

1- Martes - Entrevista de trabajo
2- Jueves - Resultados de la entrevista
3- Sábado - Cita

Un error desde el primer momento podía lastrar su confianza para el resto de la semana. Aunque, antes de contar cómo le fue, me veo en la obligación de hacer una breve presentación de quién es mi colega. Y la verdad es que Dani no es el lapicero más afilado del estuche en muchos aspectos.

Para empezar, físicamente no es muy alto (apenas mide 1,71), no ha pisado un gimnasio en su vida. La última vez que hizo deporte fue en educación física con 16 años. No es, que digamos, el más agraciado del grupo, y sus hábitos no lo acompañan. Come mal y a destiempo, se va a la cama a las tantas de la madrugada, te lo encuentras desayunando a la hora de comer y la higiene... bueno.

Viendo esto, entenderás que el tío no se ha preocupado por su imagen nunca. Y lo que mejor lo demuestra es la ropa que lleva. No es que tenga un estilo definido. Realmente le da igual cómo salir a la calle, pero cada día combina una cosa diferente. Un día te lo encuentras con unos pitillos y camiseta blanca básica. Al día siguiente, con unos pantalones cargo y sudadera urbana. Y si le da el venazo, esa misma tarde se cambia de ropa y te lleva unos pantalones rotos por las rodillas, enseñando los calzoncillos y con una gorra hacia el lado.

El día que más arreglado ha vestido es para la foto de la orla, donde llevó un traje (no le quedaba otra), pero sin corbata, el botón de la camisa desabrochado y, pese a que en la foto no se veía (por suerte), un pantalón vaquero negro y unas zapatillas Nike Air Max también negras.

Este es Dani, el mismo al que su futuro dependería de una entrevista de trabajo y una primera cita en una semana.

Llegaba el martes y, por motivos que aún desconozco (todo el grupo le presionamos para que se arreglase en condiciones), el tío dio su brazo a torcer y se arregló como le aconsejamos. A continuación os dejo una foto de cómo fue vestido a la entrevista.


PD: Le he recortado la cara porque no quería salir.

De ese outfit entero, nada era suyo. Tampoco los complementos. Y así fue como se plantó el martes en la entrevista. Como pequeño inciso, he de reconoceros que Dani había tenido hasta el momento tres entrevistas de trabajo. Fue descartado en todas. Pero en este caso, efectivamente, fue diferente.

La entrevista duró poco más de una hora, frente a los menos de cinco minutos que habían durado cada una de las tres anteriores. Nuestras sospechas de que todo fue bien se confirmaron el jueves, cuando, sobre las seis y media de la tarde, Dani recibió un correo de admisión.

Parece que ir bien vestido, elegante, en vez de con un chándal Nike Tech, era clave para causar una buena primera impresión que no le cerrase las puertas desde el primer momento. Quién lo iba a decir, ¿no?

Se podría dar ya con un canto en los dientes, pero aún quedaba culminar la semana por todo lo alto. Aún quedaba la cita.

Merece recordar que Dani había tenido cuatro citas hasta el momento y, al igual que con las entrevistas, ninguna se prolongó a una segunda quedada. Es más, si contase cómo terminó la última, probablemente recibiría decenas y centenas de donaciones para crear un teléfono de ayuda en su nombre.

Con este maravilloso registro se plantaba mi colega el sábado antes de la hora de la verdad, con una única diferencia: volvió a vestirse bien, elegante. Se suele decir que lo que funciona es mejor no tocarlo, y eso hizo él.

¿Queréis saber cómo fue?


Se fue a casa en bus y, para cuando llegó, ella ya le había solicitado en Instagram y le había empezado a escribir al privado. Efectivamente, triunfo para los libros de mi colega Dani. Esta semana, que sobre el papel asomaba devastadora, acabó siendo un punto de inflexión en la vida de Dani.

Un año después, Dani ha dejado el trabajo, pero no porque le hayan echado, sino porque ha construido mejores oportunidades laborales y las ha aprovechado. Por otro lado, Claudia, la chica que aquel sábado 31 de mayo terminó la cena enamorada, continúa siendo la pareja de Dani y cada día que pasa parecen estar mejor juntos.

Pero lo más destacable no es ninguna de estas dos cosas, sino el cambio radical que ha dado Dani en su imagen. Lo comparas con quién era hace un año y nadie diría que es la misma persona. Y equivocados no están, porque no es la misma persona. Es una persona completamente nueva, diferente.

Mientras que antes era una persona a la que no se le podía tener en cuenta casi nunca, ahora es alguien a quien, quien no le conoce, lo mira y trata con la atención y el respeto de quien transmite confianza, educación y formalidad a cada paso que da.

Unos “simples” trozos de tela cambiaron una vida. Yo ahora me pregunto, ¿qué pueden hacer contigo?