La Paella de Salchichas

El pasado domingo, me preparé para comer mi habitual paella dominguera: 200 gramos de arroz, 500 mililitros de caldo de pollo, un tomate maduro rallado, 4 cucharadas de aceite de oliva y... SALCHICHAS.

Mi paella, de toda la vida, lleva salchichas, y al que no le guste, que no siga leyendo.

(Aquí es donde mis amigos valencianos cierran la página y probablemente me bloquean de todos sus dispositivos).

Desde que era pequeño, las salchichas siempre han sido una parte fundamental de la paella, de mi paella, que no se podía entender si faltaba este ingrediente tan especial y que le daba ese sabor tan único. A pesar de los inmensos esfuerzos que han hecho mis amigos valencianos por hacerme ver cuál es la verdadera paella, y también los enormes sacrificios de mi paladar probando otras paellas raras de marisco o de carne, nunca he dado mi brazo a torcer. La paella es y seguirá siendo siempre con salchichas. Y, para todo aquel que ose negarlo, no tendré tapujos para insultarlo o menospreciarlo. Total, vivimos en una sociedad con la piel tan sensible donde o respetan y adoptan como universal todo lo que yo haga o lo veré como una clara ofensa personal.

Bueno... llegados a este punto tengo que decir dos cosas. La primera: la paella no lleva salchichas. La paella, original y única, es de carne, no admite otra respuesta. La segunda: que tú tengas unos gustos personales no quiere decir que esos gustos sean la realidad para todo y para todos. La realidad es de una forma, inamovible y objetiva. Tus gustos son y serán siempre subjetivos.

Esta cuestión de gustos y hechos se extrapola a cualquier ámbito más allá de la comida: arte, música, arquitectura... y el más clave, al estilo.

Lo que hoy predomina en nuestras calles, modas modernas como el streetwear, el drip, el sagging... no son y nunca serán estilo. Simplemente son tendencias pasajeras que se hacen virales (hoy en redes sociales), las empiezan a vestir todos los chavales principalmente, luego se saturan y, por ende, desaparecen. La historia reciente nos ha dejado tantos ejemplos de lo que digo... Me podrías decir: ¿dónde está el “estilo” hippie? ¿El “estilo” punk? ¿Qué me dices del heavy metal? ¿Y del hip hop? Y, como estos, decenas y decenas de “estilos” que, tal como aparecieron, se desvanecieron. Hoy ya no verás a un solo ser humano vestir de esas maneras; en cambio, los ves vistiendo drip, streetwear y sagging, entre otros.

Lo que no entienden estas personas es de estilo, de respeto y tienen una profundísima falta de comprensión de la comunicación básica. Por un lado, mi opinión les ofende, y como el fin justifica los medios, soy merecedor de todo tipo de insultos. Sin embargo, que yo dé mi opinión y que sea crítica no es, en ningún momento, una falta de respeto. Por otro lado, tus gustos son completamente respetables y no te voy a obligar a cambiar ni a que dejes de vestirte como te gusta. Pero, como vivimos en una sociedad de cristal, entonces cualquier opinión que no guste es considerada como un ataque personal u ofensa.

Lo único que hay que entender aquí es que tus gustos deben ser siempre respetados, pero no por ello pasan a ser una realidad universal. Tus gustos no son hechos. Los gustos son cambiantes: llegan, se saturan y desaparecen. Pero los hechos son irrefutables. No importa en qué momento de la historia te encuentres ni los años que pasen desde que leas esta entrada de blog. El estilo, de verdad, ha sido, es y será siempre el que conserva valores como la formalidad, el respeto y la educación. ¿El resto? Gustos que deslumbran tras su llegada y se apagan fugazmente.

Al igual que el drip nunca será estilo, la paella con salchichas nunca será una paella.
Uno será un atuendo urbano llamativo. Nunca estilo.
El otro será arroz amarillo con especias y salchichas. Nunca una paella.

Lo que es, es, y lo que no, no es.

PD: No como paella con salchichas.