A Dubái no le vale con tener el rascacielos más alto del planeta, tiene que tener otro que supere al suyo mismo. ¿Con qué necesidad? No lo sé, pregúntaselo a los jeques. Una de las mejores formas de llamar la atención es con el tamaño; a mayor tamaño, más probabilidad de ser visto. Esto es de “primero de Dubái”: Dubai Mall, el centro comercial más grande del mundo. Dubai Fountain, la fuente más grande del planeta. Deep Dive Dubai, la piscina de mayor profundidad antes vista. Dubai Miracle Garden, el jardín con más flores que se recuerde. Incluso tienen un marco de fotos de 150 metros de altura bañado en oro. Pero ahí no queda la cosa. El sistema de clasificación hotelera permite hasta 5 estrellas de excelencia en los hoteles. Pues ellos tienen un hotel con 7 estrellas.
No quiero que se me malinterprete, mi introducción no es una crítica negativa a Dubái ni mucho menos, es simplemente un ejemplo de afán de protagonismo. Me parece muy bien que la familia real Al Maktoum quiera crear una ciudad que acapare todas las miradas buscando el consecuente aumento de inversores y un imán para profesionales cualificados, celebridades y personas de alto patrimonio neto.
España, ese país “mayorcete” de la Vieja Europa con cosas la mar de simples, atrae 97 millones de turistas cada año respecto a los menos de 20 millones que genera Dubái, además de que la mayoría de ellos son recurrentes. Dudo mucho que en Dubái esos 20 millones sean los mismos cada año.
En España no nos hace falta tener el bar de tapas más grande del mundo ni la plaza de toros más grande que se pueda ver o la cama para echarse la siesta más espectacularmente súper mega grande jamás vista sobre la faz de la tierra. España, con su simpleza, su identidad, su discreción, es capaz de triplicar en atención al lugar con las cosas más grandes que se puedan observar.
Hoy en día pasa lo mismo con la moda. Mires donde mires, todas las marcas, empresas y famosos buscan llamar la atención con prendas de lo más llamativas. Incluso con algunas que rozan lo ridículo. Esta es la “tendencia Dubái” que también se ha abierto hueco, y de qué forma, en el sector de la ropa. Ahora bien, mientras todos se pelean por ver quién acapara los focos, a la hora de la verdad, cuando por la puerta asoma la simpleza, la discreción y la elegancia, todos los ojos, las cámaras y los flashes apuntan a esto último.
No es una casualidad que aunque el mundo se pelee por ver quién es el que más espectacularidad construye, luego todos acaben eligiendo a España. Lo mismo pasa y seguirá pasando con la moda.
En un mundo en el que todos gritan, es al callado al que se le escucha.