Decisiones

Lo de que la edad es solo un número probablemente es la mayor verdad que puede escuchar una persona hoy en día. Me podría arriesgar incluso a asegurar que es la única, o de las únicas, verdades universales que existen. Además me puedo apoyar en mi experiencia personal, que siempre es un plus para entender mejor estas cosas. Yo he conocido a un hombre de 17 años y a varios críos de 35 años o más.

Para definir con más precisión este “milagro” debo decir varias cosas. Lo primero es que de milagro nada. Esto es lo más normal del mundo, pasa mucho más de lo que creemos y con muchas más personas de las que somos conscientes. En segundo lugar, no quiero que te estés imaginando un hombre con canas, barba descuidada y alguna arruga teniendo 17 años. Tampoco a un chaval con la cara lisa, sin pelo alguno y un degradado en la treintena. No, esto no trata de físicos. Esto se trata del punto importante, el tercero, que es la madurez.

En cualquier bronca de nuestros padres, profesores o incluso a veces los amigos se nos ha mencionado la maravillosa palabra “madurez” para expresar su inconformismo con nuestra actitud en ese preciso momento. Es cierto que la madurez puede parecer que llega con la edad, conforme creces, aprendes y te vas dando cuenta de las cosas. Sin embargo, pese a que esto que acabo de decir no es ninguna mentira, no quiero ponerme a dar el sermón de padres ahora.

La madurez no consiste en que llegado un día cambias y ya eres maduro por arte de magia. La madurez es un término muy ambiguo que abarca cientos de significados diferentes en cientos de contextos distintos. No existe una definición pura que abarque todos y cada uno de los significados de “madurez”. Digamos que si tuviésemos que decir que la madurez es el blanco o el negro, entonces nos quedaríamos con una amplia gama de grises. Tú puedes ser una persona perfectamente madura a la hora de ponerte a trabajar, pero una vez dejas el trabajo la madurez abandona tu cuerpo. No por ser maduro en algo ya lo eres en todo. Y yo lo puedo confirmar personalmente.

Antes hablábamos de que con la edad la gente suele madurar y, aunque en parte sea cierto, no tiene por qué. El paso principal y definitivo es la decisión. Tus decisiones determinan quién eres. Si decides sin pensar, dejándote llevar por lo que opinen los demás, por las modas de turno o por el famoso que es incluso más inmaduro que sus propios seguidores, entonces sí, lo más probable es que seas una persona inmadura. Pero cambiar nunca antes había sido tan fácil, simplemente tienes que pensar antes de tomar una decisión.

Es muy sencillo, veamos un ejemplo claro. Es un sábado por la tarde y Mikel va con sus colegas a un centro comercial para comprar ropa. La primera tienda en la que entran es una de zapatillas donde tienen para escoger entre unas Nike Jordan o unos mocasines. Todos los amigos de Mikel se compran las Nike Jordan, por lo que Mikel hace lo mismo. A continuación, el grupo va a una tienda de pantalones donde ven unos baggy anchos y unos pantalones de pinzas clásicos. Mikel compra los baggy porque todos lo han hecho. Antes de abandonar la pesada tarde de compras, Mikel y sus amigos se frenan en un escaparate donde ven una camiseta oversize con un dibujo y unas letras y, por otro lado, una camisa de lino. De nuevo, todos escogen la primera opción, por lo que Mikel hace lo mismo.

En este ejemplo se puede ver claramente que Mikel es una persona poco madura, sin personalidad ni toma de decisiones propias. Si Mikel hubiese hecho lo contrario, podríamos decir que sería una persona mucho más madura que sus amigos. Porque sí, la ropa importa y mucho, de eso no tengas la menor duda. Los niños visten rollo urbano (o con cosas que no deberían ni considerarse ropa), mientras que los hombres visten clásico, elegante, con propósito y formalidad. Y no, no me refiero a hombres de edad, sino de madurez.

Da igual dónde vayas, da igual dónde mires, siempre verás que el maduro decide vestir de una forma completamente opuesta al inmaduro. Siempre verás que el hombre viste muy diferente que el niño.

No importa tu edad, si te sale barba o cuál sea tu altura. Tus decisiones son las que marcan el camino. Lo que decidas en tu día a día determinará quién serás en el futuro. La pelota está ahora en tu tejado. 

Tú decides: ser un niño o ser un hombre.