Código Postal

Esta mañana estaba curioseando un poco por el Google Earth de mi escritorio cuando he puesto el monigote en dos ubicaciones al azar para compararlos. Quería ver en qué lugares me soltaba el destino y he cerrado los ojos para no hacer trampas.

En primer lugar, he caído en las coordenadas 42.1319° N, 2.0669° W, dentro de Arnedo, una de las nueve comarcas de La Rioja. En un entorno casi desértico y en medio de la nada, encontramos el pueblo de Villarroy, situado a una altitud de 925 metros en las faldas del monte Gatún, con un pasado minero centrado en la extracción de carbón y con un yacimiento paleontológico donde se han hallado importantísimos restos fósiles de mamíferos prehistóricos. Cualquiera diría que el pueblo de Villarroya cuenta ni más ni menos que con la todopoderosa cifra de cuatro habitantes en todo su territorio.

No me extraña que tenga el récord de ser el pueblo más rápido en votar cuando hay elecciones generales en España. Si fallan en esto sería de hacérselo ver.

En segundo lugar, el destino me ha querido soltar en un diminuto país que poco o nada tiene que ver con la tan famosa Villarroya. En las coordenadas 43.7382° N, 7.4278° E, a menos de 100 metros de la plaza de un gran casino, en medio del asfalto de uno de los circuitos más icónicos del motor y desde una posición en la que se puede ver un puerto con más yates que personas hay en sus calle. De verdad que lo dudo, pero por si aún no lo has adivinado, estoy hablando de Mónaco.
El destino (o mi subconsciente) es tan caprichoso que me ha dejado en dos ubicaciones que son las antípodas la una de la otra, y tengo que compararlas. En pocas palabras, podría decir que es la nada contra el todo, pero no voy a entrar en comparaciones odiosas porque no tendría sentido. Probablemente, pocos lugares tienen tantas diferencias entre sí. Villarroya tiene una iglesia construida hace prácticamente mil años y, por su parte, Mónaco alberga 13.400 millonarios, siendo el país con mayor densidad de millonarios por metro cuadrado en todo el mundo.

Da igual por dónde lo mires, las comparaciones no van a tener sentido a no ser que cambiemos el concepto. En vez de comparar en términos generales, vamos a comparar en personas que pueden vestir Old Money.

Ahora mismo te estará explotando la cabeza: “vestir Old Money en Mónaco o en Villarroya”. Es casi equiparable a comparar entre quién mete más goles, si Cristiano Ronaldo o una alfombra. Pero aquí hay una clara diferencia, no comparo la cantidad, sino la posibilidad. Insisto, no se trata de que sea más probable que en Mónaco haya más gente que vista Old Money que en la sobrepoblada Villarroya (recordemos: cuatro habitantes), simplemente me refiero a que se pueda vestir Old Money, nada más. Repito, no cantidad, sino posibilidad.

En la ciudad de los millonarios claramente puedes vestir Old Money. Un estilo elegante, sofisticado, limpio, neutro, formal y educado se adecúa perfectamente a los valores del país y de su población. Ahora bien, ¿he dicho algo que esté fuera del alcance de alguno de los cuatro habitantes de Villarroya?

Lo fácil es dar por hecho que en Villarroya no se puede vestir Old Money, que no tendría sentido pero, ¿acaso los habitantes de este pueblo no pueden ser sofisticados, limpios, formales y educados? Y de la elegancia ya ni te cuento. ¿Hay algo más elegante que la arquitectura antigua? La Iglesia de San Juan Bautista cumple perfectamente con los estándares. Pero aún y todo, una persona puede ser elegante o puede gustarle la elegancia independientemente de dónde viva, cuánto tenga y de dónde venga.
Desde siempre hemos crecido y nos hemos educado con el estereotipo de que solo ciertas personas pueden vestir elegante, Old Money. Sin embargo, da igual si estás en Mónaco o en Villarroya. Da igual si estás en el máximo de los lujos o en un pueblo medieval casi abandonado. En ambos lugares, tu posibilidad de vestir Old Money es la misma. Siempre que tú quieras, la ropa que te pongas tendrá todo el sentido del mundo.

No necesitas vivir enfrente de un casino, tener un yate y un Ferrari en el garaje. Con quererlo, ya es suficiente. Incluso aunque mires a tu alrededor y no veas más que desierto.